de haberte saboreado, de haberte respirado.
Después de morder el calor de tu aliento,
resbalado en la textura de tu frente,
Invadido la sinuosidad de tu pelo,
bajo por tu nariz perfecta,
me empequeñezco, desciendo por ella,
vertiginosamente...asfixiada.
Llego a tu boca, que me provoca,
se niega, incita, se ofrece.
Escucho, descifro, atenta, mareada,
cada sonido que me regala, que nace, que brota,
se enreda en la escasa distancia.
Y llega.
Después de perder la noción entre el tiempo y el espacio,
no distinguir entre tu piel y la mía,
cubro tus brazos, abrasadores,
con mi mirada.