Cada tanto, la suavidad se le escapa,
la poesía y el romanticismo,
se repliegan.
Lo idílico y onírico, se ocultan,
latentes a la espera,
expertos voyeristas, observando.
La invaden los deseos,
algo de brutalidad,
algo de ferocidad,
juegos obscenos,
atemporales,
desordenados,
intermitentes.
Se instala en la pasión,
juegos peligrosos.
Cada tanto, el amor se le escapa,
pasa, flota,
partículas infinitas,
que repelen,
al ardor de su alma.
