A tantas tardes y noches de domingo
infinito.
A la brisa que despeina mi pelo.
A pesar de haber podido
recorrer tus largos brazos salpicados de espuma, o el poder aceptar el
sabor del banquete obsequiado.
A pesar de las malas pasadas, las
equivocaciones, los ases perdidos, los compañerismos, la entrega
completa, el saberse vitalmente
imperfecto, confuso.
El desear tu risa loca que me provoca, busca y
dibuja con círculos de café en el aire, que piden remitente, no puedo ser reincidente, ni mutilar emociones, sensaciones, permisos.
Si en tus
manos, en la piel, la retina, cabe el olvido. Si dentro de esa larga y negra cabellera, solo trazos de
recuerdos en descoloridos papeles amarillos. En las mías quedan
demasiadas caricias, que alguién las esperará paciente, sentado en la vera
de un río, en cada uno de los amaneceres que se aproximan.

