Se sienta en la mesa, dispuesto, expectante, inquieto, ansioso, melancólico, observador, recurrente.Mira como una y otra vez se reparten, sincrónica y ajustadas las cartas, como van rozando la mesa, como van acariciando las líneas , por las que se desviven las gitanas.
Por alguna extraña razón, nunca es mano, por alguna extraña razón, siempre alguien se suma, abonados a alguna suerte de sortija. Se injertan a la ronda, entonces, tampoco puede barajar, no parte, ni reparte, no anota.
Es presa de algunos pases, donde los comodines, invariablemente, los tiene el resto. Otros jugadores, otro, otros, otra, otras, ellos, ellas.
El lápiz se queda sin mina, para escribir los tantos bajo su nombre.
Sea cual fuese el juego, nunca le toca el as de espada y algunas ilusiones ópticas, extienden las rayas superiores de los bordes de los naipes, unificando los palos.
No corresponde a la repetición de secuencias, de un play re editado.
Los rostros que lo rodean, insinuan facciones diferentes.
Algunas risas, suenan con mayor estridencia, las luces van trazando arcos en el techo, propagándose y mitigándose, con el transcurso del tiempo.
A veces él, no está afeitado.
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