Casi imposible describir la forma en que toca, como acaricia o besa, la disposición de sus dedos, de su boca, la punta o los bordes de su lengua.El adorable pliegue de su cuello.
Se para en una actitud, de disposición absoluta, se dispone, se expone, se entrega, ofrece todo, sin límites, ni pautas y crece y su propio placer se enciende excitándola, complaciéndola, seduce y provoca, propiciando extremo deleite.
Y la sexualidad se escurre entre sus cuerpos y la sexualidad se emana en cada gota de saliva, que brota y moja y baña.
Y la sexualidad se entrecruza en cada parte de la casa.
Y la sensualidad se adueña de sus ropas.
No solo la penetra con la mirada, también con su lengua, los dientes, las manos, sus dedos, sus acelerados latidos, que se acoplan a ella.
Laten los cuerpos, laten y arden, se resbalan, se integran, se unen, convergen, copulan.
Pasa su lengua por su cuello, como lluvia de estrellas y su cuerpo se estremece al extremo, en un éxtasis profundo y prolongado, que nace entre sus ingles y se expande recorriendo cada fibra de su ser y estalla.
Y juega y sonríe y espera la repuesta.
Y juega y la roza y se muerde los labios.
Y juega y gime y aspira el aire, reiterada y rítmicamente entre los dientes cerrados.
Y juega y la mira y explora y prueba.
Y mece su cuerpo contra ella.
Y de su necesidad de gozo, nace el de ella.
Reciproca entrega.
Casi imposible describir, su apetecible sabor, extremadamente esencial y especial.
Casi imposible describir, su olor tan, visceralmente respirable y penetrante, como su mirada y su cuerpo.
Y esa conjunción de sensaciones donde ninguna queda exenta.
Todos, absolutamente todos los sentidos intervienen en el instante del encuentro, donde es mas fuerte el afecto, la emoción, el cuidado, el respeto, el desborde, el desorden, el mareo, el deseo, la comprensión, la atención, que el propio y maltratado y mal interpretado amor.
Donde algunos sentimientos, son mucho más importantes e intensos, que las malas y mediocres definiciones de los amores convencionales, o los tests de las revistas semanales. No necesitan ni explicaciones, ni rótulos, ni requieren compromisos, ni reclamos, ni definiciones, menos excusas o justificaciones, admitiendo claros límites.
Encontrarse, compartir la extrema libertad, sin prejuicios.
Saber que él, está y que es y que ella, también es y está.
apasionante....
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