Noche abrumadora y alarmantemente, oscura, sombría, fría y larga de domingo de octubre y aunque debería ser la primavera que florece, parece ser el invierno que lanza su paño y da su toque de muerte y esa extraña sensación, de no querer estar sola, evitarla, donde la soledad se vuelve, la más terrorífica y dañina enemiga. Donde se puede presentir un riesgo. De intuir que es noche de momentos no gratos. Donde en algún otro lugar, hay alguien que también sufre y nos deja. Que se necesita un resguardo. Estar acompañado, mimado, cuidado, protegido. Noche, de invasión de recuerdos e incontrolable llanto. Esa vital necesidad de no desear atravesar por eso, en el silencio acosador y la oscuridad de la propia voz, que repite y repite, que no omite, cuestiona y se contesta. Sola. Donde las lágrimas desbordan y ahogan. Ese monólogo, que transita y se moja e inunda y asfixia, entre incoherencias y verdades. Solo degrades de negros, más que negros, sepulcralmente negros. Escalofriantemente oscuro. Interpretaciones sin interlocutores.
Ha mandado, en exageradas e impertinentes e incomprensibles e irrespetuosas, diferentes y claves palabras, mensajes y llamadas, devenidas de sus sensaciones, impregnadas de lágrimas y pesares y el pedido de diversidad de auxilios. En algunos casos, sin respuestas esperadas, que contribuyen, a un aporte, a la inexistencia del ser. Ha registrado las desilusiones, punteadas en el primer renglón, a las que está preparada en cierta forma, aunque duela siempre y cada vez.
Incluso, el vivenciar, junto a otro, sarcástica e increíblemente, similares situaciones e indigeribles, internos y hondos dolores.
También, solo silencios , igualmente inadmisibles y a esta altura, incuestionables ausencias.
Surgen, emocionantes, viscerales, sorpresivas y sanguíneas energías. Tener en cuenta la aparición, en el momento justo, de una sonrisa, en el instante perfecto, el abrazo cálido, en la memoria, inesperados paseos, el mate, la charla, el libro, la pizza y ese afecto.
Lamentablemente, ha reincidido, solicitando particularmente, la voz exquisita y mitigante, que padece irremediablemente, de mutismo crónico, agudo y terminal y ella, ya no discierne, entre la interpretación de la locura o el desmedido desamor, o el miedo al riesgo, o ha no tener más defensas que las distancias, o evitar todo registro emotivo o a esas estúpidas caracterizaciones vinculares, que odia y desdeña, que hacen que las personas, no puedan resolver sus lazos, que necesitan estereotipar y no dejan ver sus sentimientos y solo obstaculizan todo. El recelo a participar, de las intensidades de las emociones y las inseguridades al decir o al sentir, elegir no estar. Ansía algo, que no entra en el plano, de los ilusamente involucrados. Ella desearía, algo así, como la copula del amor, la locura y el miedo, un irreverente trío…..que es lo único que podría superar a sus vivencias.

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