
Un marco adecuado para un encuentro, se puede medir con diferentes unidades que producen que el mismo tenga una amplia curva de posibilidades, transformándolo y generando variaciones de una sutil particularidad.
Un encuentro se puede caracterizar por lo breve, puede durar lo mismo que el mismo instante donde la mirada sigue a una estrella fugaz que se desvanece en segundos en el firmamento, sin siquiera dejar registro de posibles recuerdos y con la dificultad de individualizar el último punto de visualización.
Pero, esa misma estrella que se ve, en ese mínimo tiempo, realmente es una estela de partículas que quedan suspendidas y que recorren 100 mil kilómetros por hora, digamos que el encuentro en este caso no sería precisamente fugaz, si tendríamos que recorrer con la mirada 100 mil kilómetros.
La situación puede o no ser la misma, para algunos serán encuentros fugaces y para otros el deleite y la locura de poder traspasar el espacio.
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