Inmensos ríos recorren las sábanas de tu cama.
Ríos claros, trasparentes, nacarados, rojizos.
Variables, irregulares, caudalosos, profundos.
Se puede navegar, sin fin, sin pausas.
Y anclar en cualquier sitio, bucear,
traspasar dimensiones.
Ante la momentánea quietud de los cuerpos,
ellos se mantienen dinámicos, agitan,
marcan su presencia,
ingresan a los pliegues, a los dobleces,
digieren la sal, el dulzor, la acidez.
Y sin pausa, emanan intensos perfumes.
Confluyen, rodean, refugian, serenan.
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