Y uno va andando y camina y camina y camina y se sostiene en esa intensa, constante e infatigable búsqueda. Participes de porciones lúdicas, talón y punta, cautivos.
Y en esos trayectos y en algunos tramos podemos cubrir o seguir descubriendo nuevas, insólitas y por que no, excéntricas necesidades.
NO SE puede escribir en un par de renglones, lo que uno busca, lo que uno necesita, lo que se espera del otro, o de los otros.
NO SE puede decir en una fracción de minutos, mirando el reloj y antes de que den las 10, los deseos que nos harían sentir, plenos, dichosos y felices.
NO SE puede sentir legítimamente, lo que se espera de nosotros o lo que tenemos para brindar, o lo que el otro necesita o anhela, si nosotros mismos no sabemos lo que queremos.
Lo único certero es que vamos delineando planos puramente emocionales, nos lleva la emoción, nos transporta la pasión, nos conmueven las sensaciones.
Y aunque a veces creamos, que somos realmente libres para sentir, trascender y proyectar, nos condicionan los despiadados e intransigentes prejuicios, los razonamientos estandarizados, que nos vende por paquete la cultura, familias perfectamente encuadradas, o sonrisas brillantes e inconmensurables o mujeres enmarcadas, bajo un ideal de belleza, que simulan formar parte de un afiche publicitario, de algún perfume made in France.
Y sufrimos por sentirnos apedreados por los NO SÉ.
Y simultánea, sarcástica paradoja, el goce de mantenernos atentos a conquistar una nueva respuesta.
Se delimita la entrega por creer que podemos dar poco.
Escatimamos la ofrenda, por sentir, erroneamente, que no conseguimos colmar las expectativas del otro sexo. Restringimos nuestras experiencias, afirmando (eludiendo), no desear lastimar a nadie. Y mareados en nuestros egos y esperando NO SÉ que, nos podemos perder la felicidad.
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