Filtrándose, entre los cuerpos de las personas, que deambulan de a montones por la calle, observando, a los que miran sin mirar o a los que miran y a los que ven, apurados, ligeros, indiferentes, gentiles, indefensos o desesperados, él va rastreando los colores que emanan. Y ahí está, no se si realmente busca algo en particular, no se fehacientemente que es lo que quiere, creo, que él tampoco lo sabe. Solo se que es un coleccionista. No porta ninguna certificación, pero alude coleccionar besos y no solo los registra y clasifica o enmarca, sino que también los califica y encarpeta, y dice ser profesor, profesor de técnicas para besar y usa técnicas, que también colecciona y aplica, según la ocasión. Como todo coleccionista, quiere tener la mayor cantidad de piezas posibles y aunque todas son importantes, ninguna se destaca en particular, quizá las primeras, por su valor histórico, las tenga más preservadas. A pesar de tener los besos más exóticos y únicos en su clase, nunca, pero nunca, da por finalizada su colección. Siempre va a haber un mundo infinito de besos, de bocas, de saliva, de pliegues y labios, que deseará poseer, de técnicas por explorar y evaluaciones por tildar. Aunque su capacidad RAM este rebalsando de nombres y de besos, él los seguirá guardando en su propia memoria, porque como todo coleccionista experimentado, avezado y obsesionado, recuerda siempre, la contextura, el sabor , la consistencia, de sus bienes más preciados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario