13 de julio de 2009

RESPIRAR

Por no permitir determinadas distracciones, deja de respirar. Prefiere registrar algunas sensaciones tan minuciosamente, que así, sin pensar o tomar recaudo alguno, descarta la penetración del aire. La acción de inhalar y exhalar, la distrae y pasa a formar parte de un plano absoluta y totalmente secundario. Quiere acomodar sus movimientos, controlar sus músculos y el respirar, no solo condiciona su canal, sino que le produce algún grado de perturbación. Solo son momentos, algunos segundos, pequeños instantes, que surgen intempestivamente, que genera individualmente y no tienen que ver con la sofocación, eso la distraería aun más. Suaves apneas, dóciles disneas. Se contrae, se eleva, se relaja. Es como esa pequeña muerte, que a veces renace con la profundidad, la intensidad de algunos besos, ausencias conscientes, que llevan a lugares inexplicables. El no respirar, la hace confluir con la gravedad y su sangre en vez de transitar sus pulmones, sensibiliza aguda, porciones de su ser. Y la boca, su boca, no quiere perder nada y su cuerpo, desea retenerlo todo. Extender y prolongar esa instancia, donde el aire, el oxigeno, el aliento, el otro cuerpo, comulgan con lo interno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario